Eran las siete de la mañana cuando sonó el timbre del orfanato. Hoy era el primer día de clase. Me levanté y me puse el uniforme, era aun mas asqueroso puesto, picaba por todas partes y la etiqueta hacía daño, era pequeña e incomoda y casi no te podías mover con ella, era un traje inútil, con esto no iba a poder hacer investigaciones ni volver a huir del encapuchado. Salí de la habitación y entré en ese baño que tan bien me conocía, me peiné y lavé la cara. Cuando entré en clase el profesor ya estaba empezando a decir que temario íbamos a dar y tuve que disculparme. Me senté en la ultima fila y suspiré, en Madrid las clases no empezaban hasta septiembre y aquí estábamos a finales de agosto así que me sentía bastante agobiado.
-Durante este curso vamos a dar todo tipo de ecuaciones…
El resto no lo escuché, estaba pendiente de mirar por el gran ventanal que había a mi lado, daba de cara al centro y los niños de la ciudad parecían tan felices jugando con la nieve que me dio rabia estar en aquel sitio. Al cabo de unas horas, terminaron las clases y nos fuimos a comer, me senté solo en una pequeña mesa de la esquina derecha del comedor, hoy había puré así que tardaría horas en comérmelo, a demás de que tenía muchísimas cosas en las que pensar, asique serian como mínimo cuatro horas largas para conseguir que me dejasen irme. Siempre he odiado el puré, jamás me lo he comido ni me lo comeré, sabe repugnante, tanto de verduras como de cualquier otra cosa, es como si te diesen vomito para comer, al menos la textura era la misma, y el sabor también era repugnante. Mientras esperaba, pensé en todo lo sucedido el día de ayer y también pensé en contárselo todo a Santi y a Luna, pero a lo mejor Tomy se enfadaba así que decidí no hacerlo. Me acordé de nuestras sospechas sobre el trabajador de la cafetería e intente atar cabos, seguramente él nos habría oído lo de que queríamos ir al pozo el día que nos persiguió y por eso apareció, tenía bastante sentido pero aun no podía afirmarlo. Cuando ya se había ido todo el mundo la cocinera se acercó a mí y me sonrió.
-¿No te lo comes jovencito?
-El puré es lo que mas odio
-Anda, ven.
La seguí hasta la cocina y me dio un bocadillo de jamón, me quedé anonadado, mirando a la cocinera. Era muy raro, tenía algo sospechoso.
-¿Y esto?
-No me gusta que los muchachos guapos y fuertes como tu pasen hambre-Sonrió de oreja a oreja, lo cual me recordó al director.
-No tengo hambre, gracias-Le devolví el bocadillo
Mientras me iba noté como la señora me miraba con aspecto serio y tétrico, sabía que ese bocadillo tenía algo de extraño, no me lo iba a comer, a lo mejor el director había descubierto que le seguíamos la pista y quería terminar con nosotros, aunque esto mas bien era una exageración o incluso el de la cafetería le había comentado algo. Me dirigí a la entrada y nada mas llegar allí estaba Tomy, con la mirada del primer día, amenazando con un nuevo insulto.
-¿Ya te ha dado el cambio burlón?-Le pregunté con una sonrisa
-¿A demás de llorar tampoco comes?
-A ti que mas te da.
-Eres un gallina Nazan, le tienes miedo al puré-Soltó una risa taladradora.
-Yo no soy quien gritaba como una nenaza ayer por la noche en la calle.-Sabía que le había ofendido.
El charlatán puso una mueca de enfado y se abalanzó hacia mí con los puños por delante, le esquivé pero uno acertó en mi tripa, con rapidez golpeé de una patada su pierna derecha y calló al suelo delante de mí. Se levantó antes de que pudiese asestarle un rodillazo en la boca y de un empujón me tiró al suelo, se agachó y clavo sus rodillas en mi pecho, dejándome sin movimiento y casi sin respiración, solté un bufido y moví loa brazos rápidamente, sin éxito, intentando alejarlo. Dejé de hacer fuerza, apoyando los brazos en el suelo, esperando su golpe pero solo me miró y se rió.
-Débil-Soltó-¿A si pretendes defenderte de él?
-Seré débil pero al menos soy mas valiente que tu.
-¿A si?-Se rió-Tu también temblabas como un bebé cuando él se fue.
Antes de que pudiésemos terminar nuestro pequeño conflicto un profesor salió por la puerta, se acercó y nos levantó a los dos, agarrándonos por la capucha de nuestras chaquetas.
-Vosotros, alborotadores peleones-Y me di cuenta tras estas palabras que todo el mundo nos rodeaba-Os venís al despacho del director.
Al cabo de unos minutos estábamos dentro de un despacho enorme, de paredes de mármol pintadas de negra, con la misma alfombra de la entrada bajo nuestros pies y el director sentado en una butaca negra de cuero detrás de una mesa de cristal con un ordenador de ultima generación. Al verme entrar sonrió de forma maquiavélica y nos dijo que nos sentásemos.
-¿Por qué me traes a estos dos muchachos de buenos genes?-También le dirigió esa sonrisa extraña a Tomy
-Estaban peleándose y alborotando en la entrada, yo ya me voy señor.
Hizo una especie de reverencia y salió velozmente de la sala, parecía tener miedo.
-¿Aunque peleando eh jovencitos?-Se levantó y se puso entre nuestros dos asientos, agarrando mi hombro derecho y el hombro izquierdo de Tomy-¿Sabéis que eso no esta bien, en un orfanato? Aquí tenemos unas normas que debéis respetar y una de ellas es que no… por encima de todo ¡¡NO HABRA PELEAS!!-Chilló en un tono muy enfadado y apretó con gran fuerza nuestros hombros, lo que nos hizo gritar de dolor.
-¡¡Pare, pare!! ¡¡Lo sentimos!!-Soltó Tomy
-¡¡Déjenos irnos no volverla a repetirse!!-Chillé yo
-¿Me lo juráis jovencitos?-Dejó de apretar y no contestamos-¿¡Me lo juráis!?-Volvió a apretar.
-¡Si!-Gritamos ambos a unísono.
-Bien, en ese caso podéis iros ¡Ah! ¡Nazan! La próxima vez que des problemas, tanto en el comedor como en algún otro lado, serás castigado severamente-Se volvió a sentar en su asqueroso sofá.
-Si señor.
Salimos de la sala y nos dirigimos a la calle, en silencio, sin hablar de lo sucedido ni de nuestros gritos que demostraban todo menos valentía. Cuando andábamos por las calles Tomy abrió su bocaza.
-Aunque eres mas valiente que yo ¿eh? ¿Por eso gritas como una nenaza?-Se rió.
-A mi me ha pasado una vez, a ti ya van dos, al menos desde que llegué hace poco.
Me miró con rabia y dijo algo en bajito que yo no entendí.
-¿Qué dices? No te oigo
-¿A que no hay narices de echar una carrera por el bosque?-Soltó dudoso.
Le miré muy atento, tanto él como yo sabíamos de la existencia de aquel gnomo, y la del hombre del pozo, por el cual teníamos que pasar.
-¿No sería mejor investigar primero al camarero?
Tomy sonrió y asintió con la cabeza. Nos dirigimos a la cafetería y nos sentamos en una mesa cerca de la barra y escuchamos cada conversación que tenía con los clientes el camarero, nada parecía sospechoso hasta que entró el director, el camarero nos miró de reojo y sonrió de forma tétrica, nos distrajimos y ambos desaparecieron.
-¿Dónde se han metido?-Pregunté
-No lo se pero creo que es momento de ir a nuestra carrera ¿Tienes narices?
Salimos de la cafetería y suspiré, creo que simplemente acepté por honor
-Vale
-Vas a perder Nazan.
-Muy gracioso. ¡Ya veras como te gano!
Después de unas horas llegamos al pozo, lo ignoramos y fuimos directamente al principio del bosque, que se abría paso nada mas finalizar las casas de la derecha.
-¿Prepara…?-Sonó algo detrás.
Nos giramos y vimos a Santi, con los ojos rojos acercándose al pozo, susurrando aquella canción tan aterradora:
‘‘Todo es oscuro en la eternidad
Ya voy contigo Papa
La muerte me llama
La tristeza se aleja
Mi corazón se para
Todos moriremos con ellos’’
Ya voy contigo Papa
La muerte me llama
La tristeza se aleja
Mi corazón se para
Todos moriremos con ellos’’
-¡¡¡¡NO!!!-Gritamos los dos a la vez corriendo hacia él y empujándolo contra el suelo.
Santi no dejó de dar puñetazos e intentar soltarse, con aquellos ojos que daban tanto miedo… en unos segundos el hombre de negro nos observaba de pie, sobre el pozo.
-Soltad a mi presa-Dijo ofendido
-¿Tu presa? ¡Es mi amigo!-Grité, sin saber de verdad si esto era cierto.
Me levanté, dejándole el trabajo de sujetarle a Tomy y agarré una barra metálica que había en la puerta de una casa, al encapuchado le apareció una espada. Estaba muy seguro de mi mismo y lo que sentía no era ira ni odio, solo quería salvar a mis amigos y punto.
-¿Quieres pelear muchacho?
-Si tienes lo que hace falta si-Añadí seguro de mi mismo
-Entonces tus deseos son ordenes.
Se acercó de un salto, dando un giro de 380º y golpeó con una estocada. Me defendí como pude, levantando la barra de metal que se partió por la mitad, agarré los dos trozos, desde la punta hasta el final cogiéndolos al revés (en vez de la punta hacia arriba hacia abajo) y me alejé un poco, otra vez ese olor a lentejas, sin duda era él.
-Estas perdido-Se río
-¡¡Tu puedes Nazan!!-Gritó Tomy, lo cual me sorprendió.
El enemigo volvió a saltar sobre mi pero, esta vez, con una velocidad sobrehumana le esquivé y golpeé su tripa con la barra de hierro de la mano derecha, haciéndole soltar un gritó. Vi como escupía sangre y sonreí, no era tan difícil. Comenzó a lanzar estocada tras estocada mientras yo iba parándolas usando una mano cada vez. Me arrinconó contra una casa y golpeó con todas sus fuerzas, me lancé ágilmente al suelo con una voltereta y golpeé su espalda.
-¡Deja a Santi en paz!-Chillé lleno de fuerzas al poner un pie sobre su espalda y quitarle la espada.
-¿Quién demonios eres tu?-Gritó él, fuera de si.
-¡Soy Nazan! ¡El cazador de secuestradores!-Me lo inventé para asustar-Dile a tu jefe que nos deje en paz o terminaremos con vosotros.
-¿Jefe? No sabes de lo que hablas, no sabes que pasara ¡Eres solo un niño!-
Se volvió a levantar y continuó dando estocadas, una de ellas me golpeó en el hombro lo cual me hizo chillar. Tenía un trozo del hombro desgarrado y sangrando, dolía bastante, él enemigo se río y desapareció. Me giré hacia mis dos compañeros, pero Santi ya no estaba.
-¿A dónde ha ido?
-Al orfanato, el hechizo se deshizo. –Suspiró-Oye… has sido muy valiente Nazan pero… ¿Cazador de secuestradores? ¿Enserio no se te ha ocurrido nada mejor que esa gilipollez?-En un tono burlón
-Cierra el pico, al menos por ahora, te acabo de salvar la vida.
-Bueno, si claro, no sabemos si nos habría atacado de nuevo o solo se hubiese llevado a Santi.
-Da igual, te he salvado y punto.
Me tapé la herida con un trapo y comenzamos a andar hacia el orfanato, después de acordar dejar la carrera para otro momento y cuando estábamos entrando Tomy me paró.
-Estas herido, vamos a la enfermería-Dijo. Le sonreí y asentí.
Entramos a la enfermería, era grande y blanca con un montón de botiquines y sus enfermeras, tan blancas como las paredes, parecían siniestras y diabólicas. Les dijimos que me había caído y me había rozado con una piedra en la calle, me curaron el hombro derecho y la frente, volvimos a nuestras habitaciones y miré a Tomy.
-Oye, mañana la carrera ¿vale?
-Claro…
El director se acercó por el pasillo y nos miró.
-¿Volvéis ahora de la calle? ¿Sabéis que hora es? Parece mentira que no te sepas aun los horarios Tomy.
-Perdón señor-dijo él.
-Nada de perdón, id al aula de castigo.
Ambos suspiramos y seguí al bocazas hasta aquella pequeña sala de mesas de marfil y paredes rojas, como la sangre. Estuvimos allí cosa de dos horas, escribiendo una y otra vez las normas del orfanato, hasta que la cabeza estuvo apunto de estallarnos. Otra parte del castigo fue dejarnos sin comer y limpiar los pasillos y las aulas después de que todo el mundo se acostase, algo inhumano para mí, claramente. Mientras limpiábamos hablamos largo y tendido sobre todo lo sucedido. Ya estábamos muy seguros de que el hombre de la cafetería era el encapuchado, pero no sabíamos que pintaba el director en todo esto. Probablemente tendrían un trato y un plan secreto que llevaba el director, dado que cuando empezó todo el secuestrador tenía solo nueve años. A lo mejor el solo era un mandado, pero aun así también era muy cruel. Sentí repugnancia al pensar en que al principio me caía bien, la gente así no se merece vivir.
-Creo que no deberíamos volver a saltarnos las normas-Dije después de pensar un rato.
-¿Acaso tienes miedo Nazan?
-No, pero esto es inhumano.
-Retenernos en este apestoso lugar también lo es, además al resto no les castigan, creo que ese director la tiene tomada con nosotros dos, buscara escusas para castigarnos, estoy casi seguro de que hará todo lo posible para que no salgamos y estropeemos su plan perfecto y maquiavélico.
-Ya… ¿Has visto como nos mira?
-Es como si quisiese matarnos...
-Y… ¡Oye! ¿Cómo sabe que estábamos fuera…?-Me levanté
-Pues porque… oye es verdad, el venia de su despacho y nos pillo en las habitaciones.
-¿Crees que nos espía?-Pregunté
-Creo que es algo peor que eso.
Tomy me miro con mucho miedo y escuchamos algo detrás, nos giramos y tragamos saliva, paralizados de miedo, era el director y el camarero de la cafetería.
-¿Qué pasa niños?-Dijo el camarero-¿Cumpliendo condena? Fui yo quien aviso a vuestro jefe que andabais fuera, os vi pasar por delante de la cafetería
Y ahí metió la pata, nosotros no habíamos venido por el camino que pasaba por allí. Tomy me miró y entonces estuve seguro, había que delatarle.
-Nosotros no hemos pasado por ahí. A demás, lo sabemos muy bien, ¡Tú provocas las desapariciones! ¡Director él es el culpable!-Grité
-¿Estas acusando a mi amigo, Nazan? Acusar es algo muy grave, y no tenéis pruebas-Se río estrepitosamente.
-Pero…-Ahí estaba claro que eran aliados
Tomy tiró de mi brazo. Era verdad, debíamos investigar más y contárselo a la policía, el director estaba de su lado, ya no había duda.
-Hemos terminado, nos vamos-Dijo el bocazas.
Fuimos hacia las habitaciones y quedamos al día siguiente en el comedor, por la mañana. Entré y me encontré con los ojos de Luna.
-Lo sé todo.-Dijo.
Santi también estaba mirando y me vi obligado a contarles todo, se unieron y yo suspiré, no debería haberlo hecho, a lo mejor Tomy se enfadaba, pero era mejor cuatro que dos, a demás Santi había dicho que nos debía la vida, así que no podíamos negárselo. Lo único que no les conté fue las sospechas sobre el director y el hombre de la cafetería, solo les hable de los encontronazos con el encapuchado, nada más. Me puse el pijama y me dormí. Esta vez soñé que era un héroe de leyenda, que salvaba el mundo con sus dagas, fue algo muy acogedor.
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