lunes, 24 de enero de 2011

Capitulo 2 La leyenda y el bosque

A la mañana siguiente, nada mas levantarme me acordé de los cuerpos inertes de mis padres, completamente blancos y abiertos en canal en aquel estúpido hospital y corrí hacia el baño para vomitar. Cuando por fin me había tranquilizado volvió a pasar por mi mente la mirada del niño y las palabras que pronuncio la tarde anterior, es como si fuese un oscuro hechizo que se recitaba para morir, como si aquel niño quisiese irse al más allá y convocase a la muerte para cumplir sus deseos, era algo horripilante. No quería que nada de esto me pasase a mi, ni a nadie más, estaba bastante asustado. Sin querer me puse a pensar en el bocazas, ¿Por qué le importaba a él si yo lloraba o no? Es como si no fuese normal y, que yo sepa, llorar es normal. Cuando me limpié y salí volví a encontrarme con aquel entrometido que no dejaba de llamarme llorica, al que ahora yo llamaba bocazas pero que en realidad se llamaba Tomy, era un metomentodo.

-¿Qué quieres ahora Tomy?-Resalté el nombre con mala voz

-¿A demás de llorica ahora también vomitas, niño de mama?-Contestó en un tono burlón.

-Cierra el pico, eres repugnante ¿Es que acaso solo sabes burlarte de la gente?

-No, pero contigo encuentro cierta diversión-Dijo riéndose mientras andábamos por los pasillos.

-Pues a mi no me interesan tus burlas, si quieres divertirte vete a un cine pero a mi déjame en paz.


El creído puso mala cara y me empujó contra la pared, no se por que no me dejaba en paz, era un pesado. Nunca alguien había sido así conmigo y quería que dejase de serlo.


-Hare lo que me da la gana, canijo.


-¿Canijo? ¡Solo eres un año mayor!-Ayer al llegar al orfanato me informe gracias a Luna de que el solo tenía 16, era el más mayor de los niños del orfanato.


Recordé el cursillo de autocontrol, le aparté y me alejé de allí, en busca de Luna y de Santi. Al no encontrarles una gran soledad volvió a invadir mi corazón, volví a la habitación y de nuevo comencé a llorar, esta vez si, por mis padres, a lo mejor ellos habrían tenido una respuesta para aquella desaparición, solo se que les echaba muchísimo de menos… me sentía tan solo en este lugar. Seguramente ellos me habrían ayudado con el plasta del bocazas, aun que en el fondo me caía bien, era el único que me hacía caso ya que Luna y Santi iban completamente a su bola, ni si quiera me decían a donde iban. Otra cosa que no comprendía era porque ahora la gente me miraba como al mas débil ¿A caso no es normal llorar después de perder todo lo que conocías? -De momento-pensé-nadie me ha visto llorar, solo me han oído, aun puedo ocultarlo-. Aunque lo veía como algo absurdo eso de ocultar los sentimientos. Cuando iba a salir de la habitación un miedo me inundó. -¿Qué le había sucedido a aquel muchacho?-Volví a pensar-¿Por qué tenía los ojos rojos y se dirigía decidido a ser secuestrado? ¿Por qué había canturreado aquellas palabras tan llenas de sentimientos adversos, pena y a la vez alegría? ¿Habría habido mas desapariciones?-. Por un instante me imaginé a mi en su lugar y se me volvieron a revolver las tripas, dado que mi mente era muy imaginativa y yo ya pensaba en torturas terribles. Me imaginé yo canturreando aquello, como si fuese un poseído, en el fondo no tenía verdaderas ganas de morir, como había pensado el día anterior. Después de vomitar de nuevo en el baño, me lavé y salí en busca de Santi y Luna, a ver si había suerte y les encontraba esta vez. Ellos llevaban más tiempo aquí y probablemente sabrían algo del asunto, o como mínimo que diablos era esa canción. Tras haber preguntado a un par de alumnos y a un profesor les encontré en una cafetería del centro, al oeste del orfanato, entré y me senté a su lado.


-Hola-Me sonrió Luna


Santi ni siquiera me miró. La cafetería era tan grande como un estadio de futbol, dividida en zonas con algún orden que yo aun desconocía. Estaba decorada con objetos inclasificables, de colores llamativos y preciosos, que hacen sentir calidez y ganas de quedarse allí todo el día, pero a mi solo me dio mas sensación de que había algo oscuro y tenebroso en aquella ciudad ¿Por qué aquí era todo tan grande? ¿A caso no les importaba el dinero que costase construir todo eso? Era algo absurdo, ni siquiera había ni la mitad de gente que entraba. Todo el establecimiento, en ese instante, olía a lentejas y hacía que tu estomago comenzase a rugir con solo abrir la puerta, y me recordó a la comida de mi madre ¿Por qué todo me recordaba ahora a ella? Era insoportable. El camarero, de aparentemente de dieciocho años, de pelo corto a media melena, con mechas negras y azules se acercó a mi para preguntarme que quería tomar, era simpático.


-Una coca-cola, por favor-dije sonriendo

-Claro chaval-me devolvió la sonrisa


Al cabo de unos instantes me trajo la bebida y me quedé mirándola, se sentó a mi lado y empezamos a charlar amistosamente. Me preguntó cuanto llevaba aquí y me dio el pésame por la muerte de mis familiares, tenía muchas ganas de llorar. Era bastante majo, aunque había algo en el que no me dejaba fiarme del todo ¿Qué sería? Después de un rato se fue.


-¿Sabéis por que desapareció ese niño?-Pregunté


Ambos me miraron boquiabiertos y dudosos, se lanzaron una mirada de descomprensión y suspiraron, no parecían muy seguros de querer contármelo, a lo mejor no era el momento mas indicado para preguntar algo así pero necesitaba saberlo. Quería descubrir por que había desaparecido aquel muchacho y si había habido mas desapariciones y, en ese caso, intentar que no hubiese más. Paso un rato y creí que ya no iban a contestar pero  entonces Luna habló.


-Hay una antigua leyenda… bastante cierta.


La miré, con ganas de saber más ¿Una leyenda? Nunca me había fiado de ese tipo de historias, pero después de aquello que había visto me lo creía. En este lugar todo parecía ir contrario a las leyes de la ciencia y la naturaleza, era como si fuese otro mundo diferente… -¿Y si lo es?-Dijo una voz en mi interior que se acalló al instante, dejando paso a una pregunta de mis labios.


-¿Cuál?


-Hace muchos años, en la mansión que hay después del bosque, al norte, donde el pozo, vivía el alcalde de la ciudad. Un día desapareció misteriosamente y desde entonces dicen que el lugar esta maldito. Muchos asocian las desapariciones del pozo con su cercanía al bosque y a la mansión, pero nadie se ha acercado allí jamás para comprobarlo… y tampoco nadie ha comprobado que todas las desapariciones sean en el pozo, de hecho tu y Tomy sois los primeros en comprobar que alguien ha desaparecido allí.


-A lo mejor hay un psicópata suelto-Dijo Santi, ignorando la leyenda.-Las leyendas son solo eso, leyendas, no son ciertas, que incrédulos… si os creéis todo lo que circula por al ciudad vais muy mal


Luna suspiró, yo también. Tal vez eso fuese posible, y esto quería decir que había habido desapariciones antes pero ¿Tomy y yo éramos los primero en ver una? Que cosa mas extraña ¿Nadie de daba cuenta de que los niños desaparecían? ¿A caso les daba igual? Por la indiferencia con la que hablaba Luna sobre la leyenda y las desapariciones me di cuenta de que, efectivamente, no les importaba demasiado que sus compañeros desapareciesen. De pronto Luna me observó.


-¿Por qué lloraste ayer?


Me quede mirándola, sin saber que decir. Quería contarle la verdad, pero era mejor contar una mentira para ganarme una reputación. No iba a ponerme a contarle que ella me recordaba a mi madre, y mucho menos que también había llorado porque el niño desaparecido tenia los ojos rojos y canturreaba una canción siniestra que indicaba que todos íbamos a morir, podía asustarla o que me tomase por un loco asique decidí inventarme una escusa, que tenía alergia o algo así. Cuando iba a empezar a hablar mire sus ojos y ella puso una triste sonrisa.


-¿Es por la muerte de tus padres no?


Sus palabras, tan dulces y frías golpearon con una fuerza increíble mi pecho. Sin saber por que, el hecho de que lo dijese ella dolía más que cuando lo recordaba yo mismo, o cuando el director me hacía recordarlo. Tal vez era por su parecido con mi progenitora, o porque tenía una voz tan dulce que oírla pronunciar esas palabras te hacía sentir como si el mundo se te cayese encima.


-Yo…-Dije tragándome las lagrimas que, sin saber cuando, habían comenzado a brotar de mis ojos heridos.-Si… es por eso. Aquí todos me miran con lastima por llorar ¿Acaso vosotros no llorasteis por la muerte de los vuestros?-Ignoré contarle a quien me recordaba.


Santi me miró ofendido, se levantó y puso aspecto furioso.


-¡Tu al menos has tenido la suerte de conocerlos! ¡A demás durante 15 años! ¡Has disfrutado con ellos y tienes el recuerdo de sus caras!


Saco de su bolsillo una foto quemada, en la que apenas se distinguía el rostro de un hombre.


-¡A mi este es el recuerdo que me queda de mi padre!


Se fue corriendo, no se a donde pero se fue. Le había ofendido muchísimo y entonces me di cuenta de mi error. Seguramente, en este orfanato habría más gente como él, que perdió a sus padres nada mas nacer, eso era más injusto que lo que me había pasado a mi y, al menos, Santi a pesar de estar furioso, no había llorado. Entonces comprendí porque Tomy me llamaba llorica, tenía mucha razón, vale que mis padres hubiesen muerto, pero tenía que aceptarlo aunque fuese duro, había gente que lo había pasado peor en este orfanato, no se porque pero todas las ganas que tenía de llorar desaparecieron al instante.


-Yo tampoco les recuerdo bien-Dijo Luna-Era pequeña cuando murieron, hace siete años de eso y se que no llore, pero no por ganas, yo no podía llorar. El motivo de que te miremos así es porque ninguno al llegar consiguió llorar, es como si aquí… todo diese igual ya.


Al escuchar sus palabras me quede sin habla. ¿Qué les daba igual? Eso era peor que aceptarlo ¡Era olvidar a los que te dieron la vida! Una angustia recorrió mi cuerpo, y de mi corazón se apoderó una sensación de lastima hacia ellos. Ahora si que eran diferentes a mí. Estaba diciendo que al llegar aquí todos perdieron sus sentimientos, eso era imposible, era algo de lo que no carecía nadie, era lo que nos hacia humanos. Entonces comprendí que efectivamente la palabra maniquí era lo que mejor se ajustaba a estos niños. Luna se levantó y se fue, seguramente en busca de Santi. Me quedé allí, creyendo que estaba solo hasta que escuché a mi espalda una voz que conocía muy bien. Al principio le ignoré, pensando en la conversación anterior, pero dijo algo que llamo mucho mi atención.


-A si que a ti no te ha pasado que olvidas tus recuerdos ¿Eh llorica?


Me giré y miré a Tomy. Parecía sentir lastima o algo parecido, estaba harto de que la gente me mirase así. ¿Qué tenía de malo llorar? Era algo completamente humano, era incomprensible que me mirasen todos así, era incomprensible que hubiesen perdido sus sentimientos. Ellos ya no eran humanos.


-¿Qué quieres ahora Tomy?

-¿Me acompañas al pozo?-La lastima de su mirada se cambió por miedo.


Me quedé callado con la pregunta. ¿Por qué me lo pedía a mi si yo le caía mal? ¿Acaso él de verdad sentía miedo? ¿No decía ser tan valiente? No podía sentir miedo, se suponía que los maniquís no tenían sentimientos según lo que me acababa de contar Luna, no comprendía nada.


-¿A caso no tienes amigos?-Dije levantándome, y en un tono borde.

-Pues no…


¿Qué? ¿Qué no tenía amigos? Era el chico que llevaba más tiempo aquí, eso no podía ser. Ahora comprendía porque siempre estaba solo y sentí intriga.


-¿Me acompañas esta noche al pozo si o no?

-Vale


Salimos de la cafetería y volvimos al orfanato, nada mas entrar Tomy se paró y me observó atentamente, tragó saliva y abrió su boca.


-¿Lloras tanto porque no quieres olvidarles verdad?


Le dirigí una mirada rabiosa.


-¿Otra vez con las mismas? Mira si te vas a burlar de mi mejor…

-No me estoy burlando. Solo es una pregunta ¿Lloras porque temes olvidarles?


Me quedé pensando. Eso que decía tenía sentido. Si, habían muerto y eso ya lo tenía admitido, dolía pero eso no era lo que me hacia estar triste. Lo que me hacía estar triste era convertirme en alguien como mi padre, un ser que jamás volvería a sonreír pero… ¡Es lo que estaba haciendo yo ahora mismo! La verdad es que también tenía miedo a olvidarles. No quería ser como el resto y que me diese igual, quería sentir tristeza, pero en su justa medida, si no la sentía sabría que les había olvidado. No iba a contarle la pequeña anécdota con mi padre, eso estaba claro.


-En parte si, Tomy-Dije en un tono suave-Pero creo que también lloro por el hecho de que no les volveré a ver…

-Eso no es verdad ¿No tienes fotos?

-Si, pero no es lo mismo.

-No, pero en este orfanato hay gente que no tiene ni eso, asique mejor confórmate. Bueno, nos vemos esta noche

-Espera-Se giró y me miró.

-¿Qué quieres Nazan?

-¿Por qué no tienes amigos?


Se hizo un silencio durante unos segundos y creí que no iba a contestar, hizo un gesto con su cabeza y le seguí hasta un patio interior, lleno de flores preciosas con un montón de aromas, había rosas, azucenas, margaritas, girasoles… de todo tipo de hermosas plantas.


-No tengo amigos por ser el primero en llegar ¿sabes?-Le miré sin comprender-Cuando llegue tenía seis años, y este orfanato estaba recién abierto, el director me trataba genial pero un par de días antes de la desaparición del alcalde todo cambió. El dejo de ser mi padre-Trago saliva-No mi padre verdadero, pero se comportaba antes como tal. Bueno, pues todo cambió, se volvió distante, oscuro, tramaba algo. Empezaron a traer mas niños y el alcalde desapareció y fue cuando comenzó la leyenda. Yo hice que se divulgara por el orfanato para alejarles de allí pero no hubo modo, solo conseguí alejarme yo, mis únicos amigos desaparecieron, yo lloré, lloré muchísimo, y cada niño que llegaba olvidaba sus sentimientos y se comportaba como una marioneta, por eso deje de intentar tenerlos… así también me evité bastante dolor.


Le miré triste. –Pobre Tomy-Pensé-Lo ha pasado peor que cualquiera. De pronto se giró y me miró.


-Nazan, lo siento por llamarte llorica, me sale del alma, tengo que hacerlo, eres el único que sigue siendo humano y quiero recordártelo cada segundo, para que no se te olvide lo que eres. Lo siento.

-No se me va a olvidar, tranquilo

-Prefiero hacerlo, oye… nos vemos esta noche ¿vale?


Pude ver en el último instante como las lagrimas empezaban a fluir de sus ojos y sentí una gran tristeza.


-Adiós… bocazas.


Me dirigió una sonrisa y se fue. Me quede allí hasta después de comer, no tenía ganas de nada, solo de pensar. Entonces todo era cierto, pobre Tomy, pero al menos me había advertido y yo se lo agradecía muchísimo.

Al cabo de un rato volví a salir del recinto y me dirigí hacia el bosque para, como mínimo, saber como era. Llegué al cabo de una hora, atajando por un pequeño callejón que había encontrado, y justo  empezaba a oscurecer pero el miedo no me impidió adentrarme en aquel lugar. Era un sitio preciosos, de colores vivos que llenaban tu alma de sensaciones inimaginables, como un placer intenso que entraba por los ojos, los oídos y la nariz. Olía a flores silvestres y las plantas eran grandes y rectas, completamente llenas de hojas enormes. Era un lugar mágico, se notaba en el ambiente. Era el mejor sitio que había visto en esta ciudad, era como si el lugar te hechizase, era perfecto. Me dediqué a dar vueltas y vueltas por aquel perfecto bosque de plantas mágicas, sin rumbo fijo, sin buscar nada, sin seguir ningún camino.  No se cuanto tiempo llevaba ya allí, pero quería estar el resto de mi vida en aquel precioso lugar. Seguí andando, maravillado hasta que de pronto un ruido detrás me hizo salir del sueño. Me giré justo para ver como un gnomo con un hacha se abalanzaba sobre mi. Era irreal. Muy asustado, me aparté y caí rodando al suelo, termine boca arriba y el gnomo se puso encima de mi pecho, daba muchísimo miedo. Por un instante pensé que me iba a clavar el hacha en la cabeza.


-¡¡No me gustan los niños entrometidos!!-Dijo el pequeño ser, con voz grave-¡¡Así que te rebanaré la cabeza!!


Un miedo atronador se coló por mi corazón y empujé al ser lejos de mi, me levanté y comencé a correr por donde había venido, o eso creo que hacía, creyendo ser mas rápido. Al cabo de unos segundos note algo en mi hombro y cuando giré ya fue tarde, mi mejilla comenzaba a sangrar después de un hachazo de aquel ser que corría a escasos centímetros de mi dando saltos. Dolió muchísimo pero me aguanté el grito y las lagrimas. Mientras seguía corriendo ese ser seguía saltando y dándome hachazos, consiguió rajarme varias veces el brazo, parecía furioso, no era como los habían nombrado en esos maravillosos cuentos de cuando era pequeño. Entonces me di cuenta de que las criaturas mágicas existían, si, pero eran horribles, coléricas, furiosas y odiosas. Ya cuando no podía mas, lleno de rabia me giré con velocidad y le asesté una patada, lanzándolo lejos de mi y seguí corriendo, buscando el pozo, pero por mucho que corría todo parecía igual, entonces, cerré los ojos y visualice el pozo, cuando los abrí me encontraba en el hueco que separaba los primeros arboles de la plazoleta y allí estaba esperando sentado en el pozo Tomy.


-¿¡¡Donde estabas!!?-Dijo furiosos

-Yo… esto… ¡el gnomo!-Dije girándome y apuntando al bosque.

-¿Gnomo? ¡Oye! ¡Estas sangrando!


Se acercó corriendo a mí y dejó que me apoyase en su hombro, mientras él me agarraba por la cintura y observaba atentamente mis heridas, muy preocupado.


-¿Qué te ha pasado? Tu pierna, tu brazo y tus mejillas tienen cortes.

-¡No te lo vas a creer!-Dije con voz de niño incrédulo-¡Un gnomo asesino me a atacado con un hacha de miniatura!-Extendí los brazos, los levante y los deje caer


Tomy me miró alucinando, con expresión extraña, los ojos abiertos y sin ganas de creerme. Seguramente me estaría tomando por loco, y al repetir las palabras en mi cabeza me di cuenta de que parecía que lo estaba.


-Nazan ¿Qué te has fumado en ese bosque? Puede que cerca este la mansión, pero no hay gnomos asesinos con hachas de miniatura ahí dentro, y menos que sean asesinos-Alzó una ceja

-¡Es cierto Tomy el gnomo esta…!


Nos callamos porque una figura acababa de aparecer en el pozo, era aquel hombre que había hecho desaparecer al niño una día atrás. Se alzaba sonriente, o eso creía por las arrugas de su mascara, estoy seguro de que no había venido para charlar. Le di un empujón a Tomy, me miró y comenzamos a correr a toda velocidad en dirección al orfanato, sabíamos que ese ser encapuchado nos perseguía desde muy cerca, escuchábamos sus pasos, lo cual nos hacía correr más y más rápido, inflados de terror, muertos de miedo y con el corazón en la boca.  Lo siguiente paso muy rápido. Tomy calló al suelo y comenzó a gritar en cuanto aquel hombre le agarro el cuello y lo levantó apretando, dejándolo sin aire. Yo me giré sin saber que hacer, agarré un palo que había en el suelo y golpeé al encapuchado, que soltó a mi amigo y calló al suelo. Volvimos a correr y en un momento me giré, el hombre estaba de pie, mirándonos, sin amago de seguirnos, hasta que volvió a echar a correr hacia nosotros, nos metimos por un callejón que creíamos que tenía salida, pero llegamos a un muro. Estábamos completamente atrapados. Tenía muchísimo miedo, el corazón me iba a mil, el de Tomy también, no había escapatoria.


-¿Qué hacemos Tomy?

-Creo que rezar…


Suspiré, con más fuerza. Cada vez que aquel hombre daba un paso más mi corazón aceleraba, estaba apunto de estallarme. De pronto un olor muy peculiar entro por mi nariz dada la cercanía del secuestrador. Eran lentejas, las lentejas de la cafetería. ¿Qué demonios? ¿Acaso este hombre había estado allí antes? A lo mejor era un cliente, o incluso un trabajador. ¿Dieciocho años? Todos los camareros tenían esa edad… quizás… de pronto el hombre se rió, sacó una espada y se abalanzó contra nosotros, cerré los ojos y al abrirlos el ya no estaba, solo quedábamos Tomy y yo, completamente asustados, tirados en el suelo y temblando de miedo. Me giré hacia Tomy.


-¿Has olido eso?


El me miró confuso, sin saber a que me refería.
 

-¿Qué dices? ¿Estamos apunto de morir y tu te fijes en a que demonios huele? ¡Estamos en un callejón apestoso!

-Ese hombre olía a lentejas, como las de la cafetería.

-¿Lentejas? ¿En serio? ¿Crees que trabajara allí o será cliente?

-Sí, estoy completamente seguro, y de hecho es de la misma altura que él…

-¿Te refieres al camarero de nuestra…?

-Solo hay una forma de comprobarlo.


Antes de volver nos dirigimos hacia la cafetería, que estaba a rebosar, nada mas entrar empezamos a buscar pero efectivamente, el camarero no estaba.


-Tomy, no está-Susurré

-Ya me he dado cuenta, pero no es prueba suficiente.

-Volvamos al orfanato, tengo un plan.


Llegamos al orfanato y nos dirigimos al patio interior lleno de flores, donde habíamos charlado antes.


-¿Y bien?-Preguntó sentándose en un banco.

Me senté a su lado y me quedé en silencio pensando mi gran plan y mis corazonadas.

-Creo que debemos investigar al camarero ¿sabes? Tenemos que saber sus hábitos, cuando sale de trabajar y perseguirle. A demás, creo que el director esta involucrado en esto-Hablábamos muy bajito.-Tu mismo me lo dijiste antes, el empezó a traer mas niños cuando desapareció el alcalde, si no los hubiese traído no habría desapariciones ¿No?

-¿Lo crees de verdad? Ya se que hay algo muy raro en el, desde como nos mira hasta como habla, pero no estoy seguro…

-El día que nos conocimos en el pozo  el director sonrió al ver que yo había estado llorando, siempre tiene como una mirada de miedo al mirarme, me parece que le gusta que sufra y, si es verdad, es demasiado cruel para querer cuidar de nosotros. A demás, sino ¿Por qué justo cuando trajo mas niños empezaron las desapariciones? Se volvió sombrío, yo creo que tiene un plan secreto o algo…

-Es coherente, no lo niego,  pero no podemos saberlo, habrá que esperar, solo el tiempo lo dirá.


Nos levantamos y nos fuimos con sigilo cada uno a su habitación, esa fue la primera noche que no llore, estaba demasiado cansado y alborotado, había vivido unas aventuras increíbles. Tomy, al fin y al cabo no era tan malo, aunque un poco cansino si, pero me caía bien, era el único normal aquí. Era ya muy tarde cuando me acosté, la una o así, no se como habíamos conseguido llegar sin que nos viesen, peor lo habíamos hecho. Al cabo de media hora me quede dormido, mientras pensaba en todas las corazonadas que tenía. Esa noche soñé con ángeles, dragones y más criaturas fantásticas, pero no eran buenos sueños. Ellos eran malvados.

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